Cómo funciona para mí

Sin Dios, no puedo; Sin mí, Dios no hará nada (SA, p. 98).

Antes de estar sobrio, hice muchos intentos por controlar mi lujuria. Me confesaba, le rogaba a Dios que me impidiera consumir, me proponía firmemente hacerlo mejor y muchas otras soluciones que esperaba que funcionaran. Los pensamientos lujuriosos continuaban y siempre iban seguidos del consumo.

Cuando mi esposa me confrontó por tercera vez, admití que necesitaba ayuda. Vine a SA para salvar mi matrimonio, me quedé para salvarme a mí mismo. A través del programa de doce pasos de SA, comprendí que solo Dios tiene el poder de vencer mi impotencia. Mi tarea es rendirme y seguir las instrucciones. De esa manera, Él y yo podemos obrar el milagro de la recuperación.

S encillamente, no puedo hacerlo solo.

Gracias Dios, por obrar diariamente el milagro de la recuperación en mi vida.