Reflexión de hoy 20 de agosto
En busca de la fe
A menos que establezcamos la conexión con Dios, la recuperación se nos escapará de las manos. Cuando descubrimos una fe que al rendirnos da fruto y aprendemos a dar, conseguimos lo que de verdad necesitábamos desde un principio: establecemos la única conexión que «sacia al alma ansiosa y llena al alma hambrienta de bondad, (La recuperación continúa, p. 38).
Pasé años buscando a Dios en la aprobación de mis padres, la admiración de los amigos o el respeto de los profesores. Incluso busqué a Dios en mi cónyuge y, después, en mi ordenación pastoral. No podía encontrar a Dios en ninguna parte.
Llegué a la conclusión de que, o bien Dios no existía, o estaba demasiado ocupado como para preocuparse por mí. Por tanto, decidí cuidar de mí mismo, ser mi propio dios y no depender de nadie más. A través de la adicción sexual, me convertí en el amo del universo.
Mi pensamiento arrogante y mi comportamiento demencial acabaron por ponerme de rodillas y, por último, me llevaron a SA. Mientras trabajaba el primer paso, admití que no era dueño de nada y que solo era el dios de mi pequeño mundo retorcido. En el segundo paso, mi mente se fue abriendo. Esto me llevó a un lugar donde pude tomar la decisión de entregar mi voluntad y mi vida al Dios de mi entendimiento en el tercer paso. Fue aquí donde encontré la conexión verdadera que siempre había buscado. Al dejar de excavar en las arenas estériles de la lujuria sexual, encontré una vida nueva y estimulante, llena de amor, alegría y servicio a los demás.
Estoy muy agradecido por el programa de SA, que me condujo al Único que podía devolverme el sano juicio y satisfacer mi alma sedienta.
