Un Punto de Vista Personal

Es difícil de explicar, pero he aquí lo que la lujuria representa en mi vida. Es un tirano que quiere controlar el sexo en su propio provecho, a su manera y en el momento que le apetece. Es un ruido mental-espiritual que tergiversa o pervierte el sexo, de la misma manera que una interferencia ronca de radio estropea la audición de una melodía agradable.

La lujuria no es el sexo y no es física. Es una pantalla de fantasía autocondescendiente que me separa de la realidad; o de la realidad de mi persona en el acto sexual conmigo mismo o con la realidad de mi cónyuge. Funciona de la misma forma ya sea que se trate de la novia, de una prostituta o de mi esposa. De esta manera niega la identidad personal, la mía o de la otra persona, y va contra la realidad, contra mi propia realidad, va contra mi.

Me resulta imposible disfrutar de una unión auténtica con mi esposa en la medida en que la lujuria esta viva., porque ella como persona no cuenta; es incluso un  estorbo; es un mero objeto sexual. La verdadera unidad conmigo mismo es imposible si yo me divido en dos para tener un acto sexual conmigo mismo. El compañero fantástico que he creado en mi mente, en realidad, ¿ es parte de mi! Con la lujuria el acto sexual no resulta de la unión personal; el sexo no fluye de la unión. El sexo activado por la lujuria hace imposible la unión verdadera.

La naturaleza de la interferencia ruido lujuria que yo sobrepongo al sexo puede consistir en diferentes cosas; recuerdos, fantasías que van desde lo erótico hasta aquellas que rebozan venganza o incluso violencia.O puede tratarse de la imagen mental de un fetiche o de otra persona. A la luz de todo esto, la lujuria puede existir al margen del sexo. De hecho, hay personas que afirman que están obsesionadas con el sexo y que no pueden mantener relaciones sexuales. Considero la lujuria una fuerza que invade y pervierte también otros instintos; la comida, la bebida, el trabajo, la ira…Reconozco que tengo una tendencia casi lujuriosa al resentimiento, y que es tan fuerte como la lujuria lo ha sido en sus mejores momentos.

En mi caso la lujuria no es física; incluso no es un deseo sexual más potente. Es una fuerza espiritual que pervierte mis instintos; y cuando me abandono en una área trata de infectar también a las demás. Como la lujuria tiene carácter asexual, atraviesa todas las barreras incluso las de género. Cuando las avivas la lujuria, mis fantasías o actividades pueden dispararse en cualquier dirección, modeladas por lo que experimento. Por ello, cuanto más me entrego a la lujuria, menos sexual me vuelvo. Por tanto mi problema básico como adicto al sexo en vías de recuperación es el de vivir libre de la lujuria. Cuando la tolero en cualquiera de sus formas, más tarde o más temprano trata de manifestarse en las demás. De esta forma, la lujuria llega a ser, no solo el exponente de lo que hago, sino de lo que soy. Pero hay motivos sobrados de esperanza. Al renunciar a la lujuria y a sus manifestaciones cada vez que me tienta, y al experimentar la liberación dadora de vida, de origen divino se producen la recuperación y la curación y se me restaura la integridad  — primero la verdadera unidad dentro de mi mismo y después la unión con los otros y con la Fuente de mi vida—.

La lujuria es…
No saber decir que no
Encontrarse constantemente en situaciones peligrosa
Volver la cabeza sediento de sexo a cada paso
Sentirse atraído exclusivamente por la belleza
Las fantasías eróticas
El uso de objetos eróticos
La adicción a la pareja como si de una droga se tratara
Perder la identidad por fundirse con la pareja
La obsesión con lo romántico–la búsqueda del “efecto mágico”—
El deseo de excitar a la otra persona

 
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