Impotencia. Es cuando reconoces que sólo no tienes poder contra la obsesión y compulsión que caracterizan la adicción. Es importante el “sólo” Sólo no puedo pero juntos podemos. Es decir, la admisión de la impotencia no es desesperanza sino la acogida de un Poder Superior que te provee el grupo contra la adicción.

Honestidad. Es cuando admites tu impotencia, tu falta de poder, contra la adicción o dependencia. Es tu herramienta contra la negación y la racionalización que te permitieron negar tu problema y justificar tu comportamiento insano. Es cuando “rompes el velo de la mentira” y concedes, quizás por primera vez en tu vida que no puedes, que la obsesión y la compulsión te ganaron y te ganarán siempre.

Rendición. Es cuando dejas de luchar contra la adicción y admites sin reserva alguna, sin condiciones, que no puedes controlar tu consumo o dependencia de alguna persona, lugar o cosa.

Mente abierta. Es la buena voluntad o disposición que muestras cuando sigues las sugerencias de tu padrino o del grupo y haces las cosas de una manera diferente.

Valor. Es cuando eres capaz de ser honesto, admites que tienes un problema, te rindes ante esa realidad, buscas ayuda y haces las cosas de una manera diferente.

La impotencia, la honestidad y la rendición van de la mano. Primero eres impotente. Esto quizas te conduce al “regalo de la desesperación” y te obliga a ver con honestidad tu realidad: tu incapacidad y falta de poder. Ante esa realidad te rindes, la reconoces como un problema y con ello abres tu mente y te dispones a hacer las cosas de una manera diferente: en grupo, bajo la guía de un Poder Superior. Sobra decir que ésto requiere mucho valor. Es casi un milagro.

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