Reflexión de hoy 15 de octubre
Viejas actitudes
Descubrí para mi sorpresa que la lujuria no era mi problema fundamental. Era solo un síntoma más de mi enfermedad espiritual subyacente: mis actitudes enfermizas (SA, p.163).
Al crecer como el hijo pequeño de una familia de ocho hermanos, creía que no tenía actitudes inapropiadas. Cumplía las órdenes y me consideraba una buena persona. A medida que el sexolismo progresaba en mi vida, me di cuenta de que estaba haciendo algo mal y que tenía que dejarlo, pero seguía sin establecer ninguna conexión entre mi comportamiento y mis actitudes. Parecía que mi comportamiento sexual era solo físico y no tenía nada que ver con la mente, el corazón o los sentimientos.
Cuando llegué a SA, escuché que nuestro problema tenía «tres dimensiones: «la física, la emocional y la espiritual y que, por lo tanto, la curación tendría que producirse en las tres» (SA, p. 206). El cuarto paso me permitió examinar mis actitudes.
Descubrí resentimientos y el miedo a la gente y a las figuras de autoridad. Deseaba tener control y mandar. La vida funcionaba con premios y castigos. El racismo, el sexismo y otros -ismos también aparecieron. Empecé a ver cómo mis actitudes enfermas eran los principales detonantes de mi comportamiento sexual. Incluso participar en el programa de SA podía ser perjudicial cuando la gente no lo hacía «bien», según mi opinión. Encontré ayuda para mis actitudes enfermizas en lemas que me recordaban «vive y deja vivir», «suelta las riendas y entrégaselas a Dios», «todo lo que escuche en las reuniones es solo la opinión de sus miembros» y «dejamos de luchar contra todo y contra todos».
La recuperación no llegó de la noche a la mañana, pero, con el tiempo y el programa de SA, llegó. Todavía lucho con la lujuria, pero ahora sé dónde encontrar la raíz del problema.
Dios, ayúdame hoy a reconocer las actitudes que todavía despiertan en mi la lujuria.
