Liberarse de los defectos

Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos (séptimo paso, SA, p. 6).

Un otoño trabajé duro en una pequeña parcela de tierra detrás de mi garaje, usando una azada y un rastrillo. Quité varias piedras grandes para poder plantar un jardín en primavera. Sin embargo, durante el invierno, otra capa de piedras se abrió paso hasta la superficie. Me sentí frustrado hasta que comprendí que mi vida en recuperación como sexólico era como este jardín. Las piedras son mis defectos de carácter y los escombros de mi vida egoísta y lujuriosa. Dios limpia los defectos superficiales cuando los entrego. Entonces, las siguientes capas de piedras emergen. He aprendido que algunos defectos están profundamente enterrados en mi cabeza y pueden pasar años antes de que Dios pueda eliminarlos. Sigo pidiéndole a Dios que elimine todos los defectos que se interponen en el camino de su propósito para mi vida, pero en el tiempo de Dios, no en el mío. Mi deber es seguir trabajando los pasos. Seré paciente, liberarse de los defectos es un proceso que lleva tiempo. Afortunadamente, Dios sigue cultivando el jardín de mi vida.

Te ruego que elimines de mí cada uno de los defectos de carácter que me obstaculizan el camino para que logre serte útil a ti y a mis semejantes. Dame la fortaleza para que al salir de aquí cumpla con tu voluntad.